Lucía Pérez, una adolescente, tal vez no como
cualquier otra, que le gustaba consumir mariguana (o quizás hoy es un acto
común); probablemente tenía sueños, tenía mucho por recorrer y apenas había llegado
a vivir menos de un cuarto de 100 años en este mundo, apenas 16.
Ella cursaba su penúltimo año de secundario. Poco
se sabe de su familia, pero mucho sobre su hallazgo y de cómo acabaron con su corta
vida de una forma siniestra. ¡Cómo puede ser? la pregunta
que varios se hacen, una y otra vez, y la respuesta siegue siendo incógnita,
porque no se puede expresar con palabras un hecho tan ruin que grita de una
manera desgarradora, este femicidio entre tantos más.
El fin de semana, mientras 70000 mujeres se
manifestaban por las calles del centro de Rosario, con motivos contundentes en
contra de la violencia de género, una joven, a kilómetros de allí, era drogada,
violada y empalada (literalmente abusada con un palo vía anal, como si lo
nombrado anteriormente no bastara) por dos tipos, que en realidad no sé sabe si
llamarlos hombres.
¿Qué estaría pensando esta joven cuando un
sábado temprano salía de su casa, con alguien que conocía hace tan solo días? ¿Qué
clase de trauma tan grande provocó la perversidad de él, para que haya llevado a
cabo este plan macabro (por no decir innombrable) con complicidad?... no se
cree en causa y efecto, no hay nada, no hay nadie que merezca esto, ni hay
justificación alguna para los culpables. Destruir un cuerpo que se encontró
bajo autopsia, sin alma y sin vida. Una cadena perpetua para los dos humanos
inhumanos que ultrajaron, que dañaron hasta lo sumo, no parará el dolor, la
impotencia, la incertidumbre ante el caos real que genera tanta maldad.
Muchos viven muertos, muchos así matan porque
no son conscientes de que están vivos. Aunque es una vuelta sin retorno, éste
posiblemente sea el caso de los victimarios, trasladando a la víctima al
hospital, colocando “máscaras” para que se crea que ésta era la responsable por
sobredosis voluntaria, provocando su sufrimiento minutos más; intentando
engañar a propios y a ajenos, actuando y sobre actuando una escena de “acá
estamos nosotros acompañándola, con total tranquilidad, ayudamos a la piba”.
Sólo estuvieron un día libre y, para ellos, no fue un desaprovecho, el tráfico
de drogas parecía ser moneda corriente en sus vidas.
La reanimación de los médicos, el eco de los
medios y de los diarios (que al tiempo quedan en el olvido), aún una marcha con
convocación internacional, no borra lo trasgredido. Ni talleres, ni días con
mujeres invadiendo la ciudad, ni desbándalos enfrente de catedrales, ni
pintadas con aerosol, ni agresiones, ni acusaciones, ni ofensas y ausencias del
cuerpo policial, ni balas de goma, ni 18 heridos (lo que ha dejado la marcha nacional
del 2016), cambia lo que sucedió y sucede. Lo que sucederá, si es que puede
repararse, evitarse, erradicarse y miles de verbos que describan una acción que
traiga solución, no se resuelve con la violencia, la ira, la falta de respeto,
el odio, que hoy sembraron aquellos dos que asesinaron a Lucía. El error es
devolver con el mismo error, pero más leve, y así esto jamás va a acabar. Engendrar
como mujer y dar aquello que hemos recibido, es ser como ellos y eso no es el
propósito al que se quiere llegar.
Esta adolescente, protagonista de un acto
verídico fatal, es una representación de cada mujer que muere cada 18 horas en Argentina por violencia de género. Es la cara visible de que no existe edad si
quiera que se escatime, no hay piedad. Pero las cosas sólo cambiarán en este
aspecto si se hacen de modo diferente, día a día unidos, sin importar el
género, porque la violencia de todo tipo no la tiene.
Como adultos se debe entender, que esto, sí, es
una grave problemática, pero una marcha sigue siendo lo que es en definitiva,
una marcha. El valor se lo da al otro por el sencillo hecho de ser personas,
sin haber convocaciones específicas, ni fechas especiales.
Amas de casa, trabajadoras, niñas, jóvenes,
adultas, profesionales, estudiantes, en resumen. Simplemente humanas, complejamente
mujeres, ni menos, ni más, diferentes e iguales. ¡¿Se entenderá?! Por cierto,
lo controversial es lo distintivo, por si al leer no quedó claro.
Texto extraído de un trabajo realizado para la materia Periodismo Gráfico del profesor Sergio Montanari.
Fuente de la información de la noticia de investigación:

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